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المؤلف: Miguel de Cervantes

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Pero don Quijote, que, como se ha dicho, se sintió aliviado y
sano, quiso partirse luego a buscar aventuras, pareciéndole que
todo el tiempo que allí se tardaba era quitársele al mundo y a
los en él menesterosos de su favor y amparo; y más con la
seguridad y confianza que llevaba en su bálsamo. Y así, forzado
deste deseo, él mismo ensilló a Rocinante y enalbardó al jumento
de su escudero, a quien también ayudó a vestir y a subir en el
asno. Púsose luego a caballo, y, llegándose a un rincón de la
venta, asió de un lanzón que allí estaba, para que le sirviese de
lanza.
Estábanle mirando todos cuantos había en la venta, que pasaban de
más de veinte personas; mirábale también la hija del ventero, y
él también no quitaba los ojos della, y de cuando en cuando
arrojaba un sospiro que parecía que le arrancaba de lo profundo
de sus entrañas, y todos pensaban que debía de ser del dolor que
sentía en las costillas; a lo menos, pensábanlo aquellos que la
noche antes le habían visto bizmar.

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