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المؤلف: Miguel de Cervantes

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- Ésta, ya que no es Luscinda, no es persona humana, sino divina.
El mozo se quitó la montera, y, sacudiendo la cabeza a una y a
otra parte, se comenzaron a descoger y desparcir unos cabellos,
que pudieran los del sol tenerles envidia. Con esto conocieron
que el que parecía labrador era mujer, y delicada, y aun la más
hermosa que hasta entonces los ojos de los dos habían visto, y
aun los de Cardenio, si no hubieran mirado y conocido a Luscinda;
que después afirmó que sola la belleza de Luscinda podía
contender con aquélla. Los luengos y rubios cabellos no sólo le
cubrieron las espaldas, mas toda en torno la escondieron debajo
de ellos; que si no eran los pies, ninguna otra cosa de su cuerpo
se parecía: tales y tantos eran. En esto, les sirvió de peine
unas manos, que si los pies en el agua habían parecido pedazos de
cristal, las manos en los cabellos semejaban pedazos de apretada
nieve; todo lo cual, en más admiración y en más deseo de saber
quién era ponía a los tres que la miraban.

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