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المؤلف: Miguel de Cervantes

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- ¡Vive Dios, que es gran milagro éste! ¡Las barbas le ha
derribado y arrancado del rostro, como si las quitaran aposta!
El cura, que vio el peligro que corría su invención de ser
descubierta, acudió luego a las barbas y fuese con ellas adonde
yacía maese Nicolás, dando aún voces todavía, y de un golpe,
llegándole la cabeza a su pecho, se las puso, murmurando sobre él
unas palabras, que dijo que era cierto ensalmo apropiado para
pegar barbas, como lo verían; y, cuando se las tuvo puestas, se
apartó, y quedó el escudero tan bien barbado y tan sano como de
antes, de que se admiró don Quijote sobremanera, y rogó al cura
que cuando tuviese lugar le enseñase aquel ensalmo; que él
entendía que su virtud a más que pegar barbas se debía de
estender, pues estaba claro que de donde las barbas se quitasen
había de quedar la carne llagada y maltrecha, y que, pues todo lo
sanaba, a más que barbas aprovechaba.

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