كتاب · Don Quijote de la Mancha
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المؤلف: Miguel de Cervantes
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Y, diciendo esto, la tornó a abrazar y a juntar su rostro con el
suyo, con tan tierno sentimiento, que le fue necesario tener gran
cuenta con que las lágrimas no acabasen de dar indubitables señas
de su amor y arrepentimiento. No lo hicieron así las de Luscinda
y Cardenio, y aun las de casi todos los que allí presentes
estaban, porque comenzaron a derramar tantas, los unos de
contento proprio y los otros del ajeno, que no parecía sino que
algún grave y mal caso a todos había sucedido. Hasta Sancho Panza
lloraba, aunque después dijo que no lloraba él sino por ver que
Dorotea no era, como él pensaba, la reina Micomicona, de quien él
tantas mercedes esperaba.
Duró algún espacio, junto con el llanto, la admiración en todos,
y luego Cardenio y Luscinda se fueron a poner de rodillas ante
don Fernando, dándole gracias de la merced que les había hecho
con tan corteses razones, que don Fernando no sabía qué
responderles; y así, los levantó y abrazó con muestras de mucho
amor y de mucha cortesía.
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