Libro · Don Quijote de la Mancha
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Autor: Miguel de Cervantes
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Cuando Dios crió a nuestro primero padre en el Paraíso terrenal,
dice la Divina Escritura que infundió Dios sueño en Adán, y que,
estando durmiendo, le sacó una costilla del lado siniestro, de la
cual formó a nuestra madre Eva; y, así como Adán despertó y la
miró, dijo: ''Ésta es carne de mi carne y hueso de mis huesos''.
Y Dios dijo: ''Por ésta dejará el hombre a su padre y madre, y
serán dos en una carne misma''. Y entonces fue instituido el
divino sacramento del matrimonio, con tales lazos que sola la
muerte puede desatarlos. Y tiene tanta fuerza y virtud este
milagroso sacramento, que hace que dos diferentes personas sean
una mesma carne; y aún hace más en los buenos casados, que,
aunque tienen dos almas, no tienen más de una voluntad. Y de aquí
viene que, como la carne de la esposa sea una mesma con la del
esposo, las manchas que en ella caen, o los defectos que se
procura, redundan en la carne del marido, aunque él no haya dado,
como queda dicho, ocasión para aquel daño.
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