Libro · Don Quijote de la Mancha
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Autor: Miguel de Cervantes
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- ¿No lo dije yo? -dijo oyendo esto Sancho-. Sí que no estaba yo
borracho: ¡mirad si tiene puesto ya en sal mi amo al gigante!
¡Ciertos son los toros: mi condado está de molde!
¿Quién no había de reír con los disparates de los dos, amo y
mozo? Todos reían sino el ventero, que se daba a Satanás. Pero,
en fin, tanto hicieron el barbero, Cardenio y el cura que, con no
poco trabajo, dieron con don Quijote en la cama, el cual se quedó
dormido, con muestras de grandísimo cansancio. Dejáronle dormir,
y saliéronse al portal de la venta a consolar a Sancho Panza de
no haber hallado la cabeza del gigante; aunque más tuvieron que
hacer en aplacar al ventero, que estaba desesperado por la
repentina muerte de sus cueros. Y la ventera decía en voz y en
grito: - En mal punto y en hora menguada entró en mi casa este
caballero andante, que nunca mis ojos le hubieran visto, que tan
caro me cuesta.
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