Libro · Don Quijote de la Mancha
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Autor: Miguel de Cervantes
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Esta maravillosa quietud, y los pensamientos que siempre nuestro
caballero traía de los sucesos que a cada paso se cuentan en los
libros autores de su desgracia, le trujo a la imaginación una de
las estrañas locuras que buenamente imaginarse pueden. Y fue que
él se imaginó haber llegado a un famoso castillo -que, como se ha
dicho, castillos eran a su parecer todas las ventas donde
alojaba-, y que la hija del ventero lo era del señor del
castillo, la cual, vencida de su gentileza, se había enamorado
dél y prometido que aquella noche, a furto de sus padres, vendría
a yacer con él una buena pieza; y, teniendo toda esta quimera,
que él se había fabricado, por firme y valedera, se comenzó a
acuitar y a pensar en el peligroso trance en que su honestidad se
había de ver, y propuso en su corazón de no cometer alevosía a su
señora Dulcinea del Toboso, aunque la mesma reina Ginebra con su
dama Quintañona se le pusiesen delante.
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