पुस्तक · Don Quijote de la Mancha
पृष्ठ 380 / 2546
लेखक: Miguel de Cervantes
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- Todo puede ser -respondió Sancho-, mas yo sé que en lo de mi
cuento no hay más que decir: que allí se acaba do comienza el
yerro de la cuenta del pasaje de las cabras.
- Acabe norabuena donde quisiere -dijo don Quijote-, y veamos si
se puede mover Rocinante.
Tornóle a poner las piernas, y él tornó a dar saltos y a estarse
quedo: tanto estaba de bien atado.
En esto, parece ser, o que el frío de la mañana, que ya venía, o
que Sancho hubiese cenado algunas cosas lenitivas, o que fuese
cosa natural -que es lo que más se debe creer-, a él le vino en
voluntad y deseo de hacer lo que otro no pudiera hacer por él;
mas era tanto el miedo que había entrado en su corazón, que no
osaba apartarse un negro de uña de su amo. Pues pensar de no
hacer lo que tenía gana, tampoco era posible; y así, lo que hizo,
por bien de paz, fue soltar la mano derecha, que tenía asida al
arzón trasero, con la cual, bonitamente y sin rumor alguno, se
soltó la lazada corrediza con que los calzones se sostenían, sin
ayuda de otra alguna, y, en quitándosela, dieron luego abajo y se
le quedaron como grillos. Tras esto, alzó la camisa lo mejor que
pudo y echó al aire entrambas posaderas, que no eran muy
pequeñas.
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