पुस्तक · Don Quijote de la Mancha
पृष्ठ 873 / 2546
लेखक: Miguel de Cervantes
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En tanto que esto decía Dorotea, aunque Cardenio tenía abrazada a
Luscinda, no quitaba los ojos de don Fernando, con determinación
de que, si le viese hacer algún movimiento en su perjuicio,
procurar defenderse y ofender como mejor pudiese a todos aquellos
que en su daño se mostrasen, aunque le costase la vida. Pero a
esta sazón acudieron los amigos de don Fernando, y el cura y el
barbero, que a todo habían estado presentes, sin que faltase el
bueno de Sancho Panza, y todos rodeaban a don Fernando,
suplicándole tuviese por bien de mirar las lágrimas de Dorotea; y
que, siendo verdad, como sin duda ellos creían que lo era, lo que
en sus razones había dicho, que no permitiese quedase defraudada
de sus tan justas esperanzas.
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