Libro · Don Quijote de la Mancha
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Autore: Miguel de Cervantes
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En esta maldita cama se acostó don Quijote, y luego la ventera y
su hija le emplastaron de arriba abajo, alumbrándoles Maritornes,
que así se llamaba la asturiana; y, como al bizmalle viese la
ventera tan acardenalado a partes a don Quijote, dijo que aquello
más parecían golpes que caída.
- No fueron golpes -dijo Sancho-, sino que la peña tenía muchos
picos y tropezones.
Y que cada uno había hecho su cardenal. Y también le dijo:
- Haga vuestra merced, señora, de manera que queden algunas
estopas, que no faltará quien las haya menester; que también me
duelen a mí un poco los lomos.
- Desa manera -respondió la ventera-, también debistes vos de
caer.
- No caí -dijo Sancho Panza-, sino que del sobresalto que tomé de
ver caer a mi amo, de tal manera me duele a mí el cuerpo que me
parece que me han dado mil palos.
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