Libro · Don Quijote de la Mancha
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Autore: Miguel de Cervantes
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Capítulo XVII. Donde se prosiguen los innumerables trabajos que
el bravo don Quijote y su buen escudero Sancho Panza pasaron en
la venta que, por su mal, pensó que era castillo
Había ya vuelto en este tiempo de su parasismo don Quijote, y,
con el mesmo tono de voz con que el día antes había llamado a su
escudero, cuando estaba tendido en el val de las estacas, le
comenzó a llamar, diciendo:
- Sancho amigo, ¿duermes? ¿Duermes, amigo Sancho?
- ¿Qué tengo de dormir, pesia a mí -respondió Sancho, lleno de
pesadumbre y de despecho-; que no parece sino que todos los
diablos han andado conmigo esta noche?
- Puédeslo creer ansí, sin duda -respondió don Quijote-, porque,
o yo sé poco, o este castillo es encantado. Porque has de
saber... Mas, esto que ahora quiero decirte hasme de jurar que lo
tendrás secreto hasta después de mi muerte.
- Sí juro -respondió Sancho.
- Dígolo -replicó don Quijote-, porque soy enemigo de que se
quite la honra a nadie.
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