Boek · Don Quijote de la Mancha
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Auteur: Miguel de Cervantes
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Con el desmayo que Luscinda había tenido, así como la dejó don
Fernando, iba a caer en el suelo; mas, hallándose Cardenio allí
junto, que a las espaldas de don Fernando se había puesto porque
no le conociese, prosupuesto todo temor y aventurando a todo
riesgo, acudió a sostener a Luscinda, y, cogiéndola entre sus
brazos, le dijo:
- Si el piadoso cielo gusta y quiere que ya tengas algún
descanso, leal, firme y hermosa señora mía, en ninguna parte creo
yo que le tendrás más seguro que en estos brazos que ahora te
reciben, y otro tiempo te recibieron, cuando la fortuna quiso que
pudiese llamarte mía.
A estas razones, puso Luscinda en Cardenio los ojos, y, habiendo
comenzado a conocerle, primero por la voz, y asegurándose que él
era con la vista, casi fuera de sentido y sin tener cuenta a
ningún honesto respeto, le echó los brazos al cuello, y, juntando
su rostro con el de Cardenio, le dijo:
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