Kitap · Don Quijote de la Mancha
Sayfa 875 / 2546
Yazar: Miguel de Cervantes
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En efeto, a estas razones añadieron todos otras, tales y tantas,
que el valeroso pecho de don Fernando (en fin, como alimentado
con ilustre sangre) se ablandó y se dejó vencer de la verdad, que
él no pudiera negar aunque quisiera; y la señal que dio de
haberse rendido y entregado al buen parecer que se le había
propuesto fue abajarse y abrazar a Dorotea, diciéndole:
- Levantaos, señora mía, que no es justo que esté arrodillada a
mis pies la que yo tengo en mi alma; y si hasta aquí no he dado
muestras de lo que digo, quizá ha sido por orden del cielo, para
que, viendo yo en vos la fe con que me amáis, os sepa estimar en
lo que merecéis. Lo que os ruego es que no me reprehendáis mi mal
término y mi mucho descuido, pues la misma ocasión y fuerza que
me movió para acetaros por mía, esa misma me impelió para
procurar no ser vuestro. Y que esto sea verdad, volved y mirad
los ojos de la ya contenta Luscinda, y en ellos hallaréis
disculpa de todos mis yerros; y, pues ella halló y alcanzó lo que
deseaba, y yo he hallado en vos lo que me cumple, viva ella
segura y contenta luengos y felices años con su Cardenio, que yo
rogaré al cielo que me los deje vivir con mi Dorotea.
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