Kitap · Don Quijote de la Mancha
Sayfa 402 / 2546
Yazar: Miguel de Cervantes
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Y cuando él vio que el pobre caballero llegaba cerca, sin ponerse
con él en razones, a todo correr de Rocinante le enristró con el
lanzón bajo, llevando intención de pasarle de parte a parte; mas
cuando a él llegaba, sin detener la furia de su carrera, le dijo:
- ¡Defiéndete, cautiva criatura, o entriégame de tu voluntad lo
que con tanta razón se me debe!
El barbero, que, tan sin pensarlo ni temerlo, vio venir aquella
fantasma sobre sí, no tuvo otro remedio, para poder guardarse del
golpe de la lanza, si no fue el dejarse caer del asno abajo; y no
hubo tocado al suelo, cuando se levantó más ligero que un gamo y
comenzó a correr por aquel llano, que no le alcanzara el viento.
Dejóse la bacía en el suelo, con la cual se contentó don Quijote,
y dijo que el pagano había andado discreto y que había imitado al
castor, el cual, viéndose acosado de los cazadores, se taraza y
arpa con los dientes aquéllo por lo que él, por distinto natural,
sabe que es perseguido. Mandó a Sancho que alzase el yelmo, el
cual, tomándola en las manos, dijo:
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