Kitap · Don Quijote de la Mancha
Sayfa 698 / 2546
Yazar: Miguel de Cervantes
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- Lo que sé decir -dijo Sancho- es que sentí un olorcillo algo
hombruno; y debía de ser que ella, con el mucho ejercicio, estaba
sudada y algo correosa.
- No sería eso -respondió don Quijote-, sino que tú debías de
estar romadizado, o te debiste de oler a ti mismo; porque yo sé
bien a lo que huele aquella rosa entre espinas, aquel lirio del
campo, aquel ámbar desleído.
- Todo puede ser -respondió Sancho-, que muchas veces sale de mí
aquel olor que entonces me pareció que salía de su merced de la
señora Dulcinea; pero no hay de qué maravillarse, que un diablo
parece a otro.
- Y bien -prosiguió don Quijote-, he aquí que acabó de limpiar su
trigo y de enviallo al molino. ¿Qué hizo cuando leyó la carta?
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